lunes 23 de agosto de 2010

Un grupo sueco que las radios no difunden

Desde España me llega esta publicidad (con un año de demora, sí) rodada en la isla de Formentera y con música de un grupo sueco, Billie The Vision and the Dancers, que aquí las radios nunca difunden y merecería ser más conocido.

jueves 19 de agosto de 2010

Virtualidad y sentimientos

Transcribo un artículo aparecido en La Nación Revista el 08 de agosto de 2010 acerca de un tema que me ha llamado la atención, más allá de acordar o no con las conclusiones que contiene.


Amor virtual o de carne y hueso

Por Mori Ponsowy

En los últimos años, miles de personas creen haber encontrado el amor a través de la Red. Ocurre en España y Alemania, en Argentina y Kuala Lumpur. "Yo descreía de Internet como medio para entablar una relación seria -me dijo una amiga venezolana-, pero finalmente decidí conocer gente de esa manera porque no perdía con intentarlo. Y fíjate si habré ganado -agrega con una enorme sonrisa- que dentro de dos meses me caso."

Otra amiga francesa tampoco se hacía ilusiones al principio. "No esperaba encontrar una relación importante, pero estaba recién llegada a Buenos Aires, no conocía a nadie y los fines de semana se me hacían interminables. Martín me pareció inteligente desde el primer momento; a los pocos minutos estábamos chateando en privado y ya al segundo día esperaba sus mails cada con ansiedad. Me pasaba las noches en vela, yendo cada dos por tres a ver si había llegado un mensaje suyo."

Una confianza inusual, ansiedad, deseo, son sensaciones frecuentes cuando se conoce a alguien en la Red. La pantalla no sólo permite superar la barrera de la distancia, sino también los prejuicios y temores que operan en la conversación cara a cara. Frente a la computadora nos atrevemos más, decimos cosas que de otra manera jamás diríamos.

Sin embargo, no todo lo que brilla es oro: por cada caso exitoso, miles de encuentros terminan en desengaños. Fue lo que le pasó a una pintora porteña que se fue a vivir a Bariloche. "Estaba muy aislada cuando llegué y me suscribí a uno de esos sitios en la Red. Santiago parecía el hombre perfecto. Aún no lo conocía y ya soñaba con él."

A los pocos días, la pintora y Santiago sentían que eran uno para el otro. Finalmente, llegó el día de conocerse. "Habíamos acordado encontrarnos en una plaza. Yo estaba sentada en un banco, esperando a que él llegara. De pronto, vi un hombre caminando hacia mí y supe que era él. Por poco me desmayo: la persona que tenía frente a mí y que me agarraba las manos queriendo abrazarme era totalmente distinta de la que había imaginado. Su mirada me inspiraba desconfianza. Le había jurado amor a un extraño y por más que tratamos de recrear la pasión que habíamos sentido mientras nos escribimos, todo fue en vano. Nunca más volvimos a vernos."

Esta anécdota obedece al pie de la letra el patrón de los romances on-line: ilusión de una relación profunda seguida de un enamoramiento acelerado que se desvanece en el primer encuentro. Los psicólogos que estudian el tema atribuyen esto a la enorme diferencia entre los encuentros reales y los virtuales. "En el texto escrito se pierde la dinámica de la conducta -señala el doctor John Grahe, del Monmouth College, de Illinois-. Las palabras no tienen mucha importancia al establecer una relación. Lo que cuenta es la comunicación no verbal: los gestos, las sonrisas." Uno no se enamora de las ideas de una persona; menos de su estilo epistolar. Lo que nos hace enamorarnos son pequeños detalles que tienen que ver con el carácter, los olores, la forma como nos relacionamos con el mundo.

Lo que nos ocurre cuando vemos a alguien es fundamental. No se trata sólo del aspecto o la belleza, sino de las sensaciones que experimentamos cuando estamos junto a una persona, sensaciones imposibles de percibir cuando el contacto ocurre a través de una pantalla. En efecto, las cifras de los sitios de encuentros no son alentadoras. En los primeros seis años de www.match.com , sólo hubo 1100 matrimonios entre sus cinco millones de miembros, lo cual equivale a un 0,02% de efectividad. Otro sitio, www.udate.com , tuvo 1,2 millones de miembros y apenas 75 casamientos confirmados, es decir, 0,006 por ciento.

Cuando dos personas se conocen on-line y creen enamorarse, lo hacen basándose mayormente en sus fantasías. Quizás el equívoco radique en confundir la afinidad intelectual con el amor. Ningún número de e-mails basta para conocer a alguien. Es fácil encontrar un amor on-line: basta con estar un poco solo y dejarse llevar por las manos galopando sobre el teclado.

El desafío está en mantener el amor más allá de la pantalla y amar a alguien no sólo por quien quiere ser o por quien quisiéramos que fuera, sino por lo que es, por lo que somos todos: una madeja de defectos y caprichos, esperanzas, tics nerviosos, manías y temores que se manifiestan en los actos que realizamos cada día. De buenas intenciones y hermosas palabras está repleto el mundo. Lo que más cuenta, sin embargo, son los actos. Aquellos, precisamente, que no tienen cabida en el ciberespacio y sí en la calle, en el bar de la esquina o en la cola del banco, donde quizás con un poco de suerte pueda estar esperándonos el hombre o la mujer de nuestra vida.

lunes 1 de febrero de 2010

Otra vez a bordo

Aquí estamos nuevamente, luego de unas largas (y muy necesarias vacaciones).
Para empezar, un fragmento (no precisamente optimista, lo admito) del libro Gracias por el fuego, de Mario Benedetti, que nos habla acerca de la coherencia consigo mismo:

"¿Cómo puedo pretender yo, insignificante laucha de una ratonera de undécima categoría, cómo puedo pretender ser coherente conmigo mismo, obedecer a mi propia historia, seguir la línea que yo mismo me he trazado? Y eso, en el caso de que me haya trazado alguna línea, cosa de la que aún no estoy muy seguro. Porque decir, por ejemplo, no voy a meterme en negocios sucios, o no voy a robar, o no voy a matar, o no voy a comer carne, eso no significa trazarse una línea, sino, simplemente evitar una conducta. Una monja, por ejemplo, o un gangster, ésa es gente que se traza una línea, gente que elige un destino. Dios es la ametralladora de la monja, La ametralladora es el dios del gangster. Pero no debe haber muchos casos más. Al periodista, por ejemplo, lo vapulean las noticias, lo vapulea el director, lo vapulean los intereses ajenos. ¿Cómo va a tener tiempo para trazarse una línea? Al empleado público, por ejemplo, lo adormece la rutina, lo adormecen los cuentos verdes, lo adormece la quiniela; para trazarse una línea, tendría que estar despierto, grave inconveniente. Al obrero, por ejemplo, la inseguridad económica lo mantiene tieso, las huelgas lo hacen vociferar, los patrones le dan asco; para trazarse una línea tendría que mantenerse lúcido y sereno, un imposible. Al capitalista, por ejemplo, lo hipnotizan las cifras, la fluctuación de la moneda le trae úlceras, lo aterroriza la marea social; para trazarse una línea tendría que no prenderse a su plata con uñas y con dientes, otro imposible. A mí, por ejemplo, me apaga, me entorpece la falta de plenitud en el amor, me tortura esta inevitable dependencia del Viejo, (...); para trazarme un línea, tendría que poseer cierto impulso heroico, del que carezco. ¿Será cierto que los héroes tienen miedo? En ese caso, tal vez yo pudiera ser un héroe; porque miedo, tengo".

jueves 31 de diciembre de 2009

Buenos recuerdos

Quiero despedir este año con el recuerdo de algunos de los mejores momentos que nos concedió. Aquí están, entonces, algunas fotos de los lugares por los cuales anduvo la balsa a lo largo de este año:

El río Tiber, en Roma


El río Spree, en Berlin


El río Sena, en Paris

martes 29 de diciembre de 2009

Un tema musical

Ayer, lunes era el día en que correspondía subir un nuevo cargamento a la balsa. Pero por razones médicas (tenemos marineros enfermos) hemos postergado la tarea para hoy. No soy partidario de repetir aquí contenidos que ya están en la web pero, dado que estamos en emergencia médica, lo que agregamos hoy a nuestro cargamento es el tema central del film "Los siete magníficos", tema compuesto por Elmer Bernstein y que luego fuera utilizado -durante décadas- en las publicidades televisivas de los cigarrillos Marlboro. En cuanto a la película, no es más que una remake del célebre film japonés, dirigido por Akira Kurosawa, "Los siete samurais".

jueves 24 de diciembre de 2009

Una grandeza que no retornará nunca más

Valerio Massimo Manfredi es un arqueólogo italiano que se ha volcado a la literatura y ha escrito, entre otras obras, la trilogía de Alexandros -en la que narra la vida (y la muerte) de Alejandro Magno- y La última legión, ambientada en los últimos días del imperio romano. De este último libro es el fragmento que hoy subimos a la balsa. Un diálogo entre los dos personajes centrales de la obra: Ambrosino, un hombre sabio procedente de Britania, y Aurelio, un general romano. (Esta novela de Manfredi fue llevada al cine en una versión bastante pobre, dicho sea de paso)

"- Un hombre de ciencia no debe creer en las profecías: no es racional, ¿no?
- No, no lo es.
- ¿Y acaso es racional lo que tú has hecho? ¿Qué hay de lógico en las peripecias que has vivido en los últimos meses?
- Muy poco, en efecto.
- ¿Y sabes por qué? Porque existe otro mundo, aparte del que nosotros conocemos, el mundo de los sueños, de los monstruos y de las quimeras, el mundo de los desvaríos, de las pasiones y de los misterios. Es un mundo que en ciertos momentos nos roza y nos mueve a acciones que no tienen sentido, o bien, simplemente, nos hace estremecer, como un soplo de aire helado que atraviesa la noche, como el canto de un ruiseñor que surge de la sombra. No sabemos hasta dónde se extiende, si tiene límites o si es infinito, si está dentro o fuera de nosotros, si adopta las apariencias de lo real para revelarse o más bien para esconderse. Las profecías son semejantes a las palabras que un hombre dormido pronuncia en sueños. Aparentemente no tienen sentido, en realidad surgen de los abismos más recónditos del alma universal.
- Te creía cristiano.
- ¿Acaso cambia la cosa? También tú podrías serlo, por cómo se manifiesta tu espíritu. En cambio, eres pagano.
- Si ser pagano significa fidelidad a la tradición de los antepasados y a las creencias de los padres, si significa ver a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios, si significa sentir nostalgia amargamente por una grandeza que no retornará nunca más, pues sí, soy pagano.
- Y así es también para mí. ¿Ves esta ramita de muérdago que cuelga de mi cuello? Representa al vínculo con el mundo en el que nací, con la antigua sabiduría. ¿Acaso no nos vestimos distintamente cuando pasamos de un país cálido a uno frío? Pues lo mismo ocurre con nuestra visión del mundo. La religión es el color que nuestra alma toma según la luz a que está expuesta. Me has visto en la luz mediterránea y me verás en las tinieblas de los bosques de Britania y seré otro, recuérdalo, y no obstante el mismo. Y es inevitable que así sea. ¿Recuerdas cuando estábamos en el Rin y vosotros os pusisteis a cantar el himno al sol? Cantamos todos juntos, cristianos y paganos, porque en el esplendor del sol que reaparece después de la noche puede verse el rostro de Dios, la gloria de Cristo que arroja luz al mundo".

lunes 21 de diciembre de 2009

Nada ha cambiado

A pocas semanas del fallecimiento de Félix Luna, he aquí una reflexión acerca de la ciudad de Buenos Aires que este pensador nos dejó en su libro Buenos Aires y el país (Sudamericana, 2000, página 129):

"Cien años después de su elevación a capital de la República (...) la realidad de Buenos Aires y su conurbano tiene una significación que salta a la vista con unas pocas cifras. Pues la Capital Federal y los partidos bonaerenses aledaños, más La Plata, Berisso y Ensenada, concentran (en el 1% de la superficie del país) el 37% de sus habitantes, consumen el 50% de la energía que se genera en todo el territorio, tienen el 45% de los establecimientos industriales argentinos, agrupan el 54% del personal ocupado en todo el país y producen el 57% de su producción total.
Ya no puede demorarse más el interrogante: ¿es viable un país que padece semejante malformación?"