jueves 24 de diciembre de 2009

Una grandeza que no retornará nunca más

Valerio Massimo Manfredi es un arqueólogo italiano que se ha volcado a la literatura y ha escrito, entre otras obras, la trilogía de Alexandros -en la que narra la vida (y la muerte) de Alejandro Magno- y La última legión, ambientada en los últimos días del imperio romano. De este último libro es el fragmento que hoy subimos a la balsa. Un diálogo entre los dos personajes centrales de la obra: Ambrosino, un hombre sabio procedente de Britania, y Aurelio, un general romano. (Esta novela de Manfredi fue llevada al cine en una versión bastante pobre, dicho sea de paso)

"- Un hombre de ciencia no debe creer en las profecías: no es racional, ¿no?
- No, no lo es.
- ¿Y acaso es racional lo que tú has hecho? ¿Qué hay de lógico en las peripecias que has vivido en los últimos meses?
- Muy poco, en efecto.
- ¿Y sabes por qué? Porque existe otro mundo, aparte del que nosotros conocemos, el mundo de los sueños, de los monstruos y de las quimeras, el mundo de los desvaríos, de las pasiones y de los misterios. Es un mundo que en ciertos momentos nos roza y nos mueve a acciones que no tienen sentido, o bien, simplemente, nos hace estremecer, como un soplo de aire helado que atraviesa la noche, como el canto de un ruiseñor que surge de la sombra. No sabemos hasta dónde se extiende, si tiene límites o si es infinito, si está dentro o fuera de nosotros, si adopta las apariencias de lo real para revelarse o más bien para esconderse. Las profecías son semejantes a las palabras que un hombre dormido pronuncia en sueños. Aparentemente no tienen sentido, en realidad surgen de los abismos más recónditos del alma universal.
- Te creía cristiano.
- ¿Acaso cambia la cosa? También tú podrías serlo, por cómo se manifiesta tu espíritu. En cambio, eres pagano.
- Si ser pagano significa fidelidad a la tradición de los antepasados y a las creencias de los padres, si significa ver a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios, si significa sentir nostalgia amargamente por una grandeza que no retornará nunca más, pues sí, soy pagano.
- Y así es también para mí. ¿Ves esta ramita de muérdago que cuelga de mi cuello? Representa al vínculo con el mundo en el que nací, con la antigua sabiduría. ¿Acaso no nos vestimos distintamente cuando pasamos de un país cálido a uno frío? Pues lo mismo ocurre con nuestra visión del mundo. La religión es el color que nuestra alma toma según la luz a que está expuesta. Me has visto en la luz mediterránea y me verás en las tinieblas de los bosques de Britania y seré otro, recuérdalo, y no obstante el mismo. Y es inevitable que así sea. ¿Recuerdas cuando estábamos en el Rin y vosotros os pusisteis a cantar el himno al sol? Cantamos todos juntos, cristianos y paganos, porque en el esplendor del sol que reaparece después de la noche puede verse el rostro de Dios, la gloria de Cristo que arroja luz al mundo".