viernes, 5 de diciembre de 2008

De pasiones y de libros

Un fragmento de La historia interminable que habla de las pasiones humanas, de la lectura, de la pasión por la lectura y ... ¿de la lectura de las pasiones?

"Las pasiones humanas son un misterio. Los que se dejan llevar por ellas no pueden explicárselas, y los que no las han vivido no pueden comprenderlas. Hay hombres que se juegan la vida para subir a una montaña. Nadie, ni siquiera ellos, puede explicar realmente por qué. Otros se arruinan para conquistar el corazón de una persona que no quiere saber nada de ellos. Otros se destruyen así mismos por no saber resistir los placeres de la mesa ... o de la botella. Algunos pierden cuanto tienen para ganar en un juego de azar, o lo sacrifican todo a una idea fija que jamás podrá realizarse. Unos cuantos creen que sólo serán felices en algún lugar distinto, y recorren el mundo durante toda su vida. Unos pocos no descansan hasta que consiguen ser poderosos. En resumen: hay tantas pasiones distintas como hombres distintos hay. La pasión de B eran los libros.

Quien no haya pasado nunca tardes enteras delante de un libro, con las orejas ardiéndole y el pelo caído por la cara, leyendo y leyendo, olvidado del mundo y sin darse cuenta de que tenía hambre o se estaba quedando helado ... Quien nunca haya leído en secreto a la luz de una linterna, bajo la manta, porque papá o mamá o alguna otra persona solícita le ha apagado la luz con el argumento bien intencionado de que tiene que dormir, porque mañana hay que levantarse tempranito ... Quien nunca haya llorado abierta o disimuladamente lágrimas amargas, porque una historia maravillosa acababa y había que decir adiós a personajes con los que había corrido tantas aventuras, a los que quería y admiraba, por los que había temido y rezado, y sin cuya compañía la vida le parecería vacía y sin sentido ... Quien no conozca todo eso por propia experiencia, no podrá comprender probablemente lo que Bastían hizo entonces".

Ende, M., La historia interminable, Barcelona, RBA, 1993, pag.12

jueves, 4 de diciembre de 2008

Carreta vacía

La primera entrada en un nuevo blog siempre genera cierto nerviosismo, cierta inquietud, una sensación de extrañamiento, de estar en tierras extrañas y a punto de iniciar un camino de exploración.
Pero, por otra parte, este blog no es más que la continuación -por otros medios y con otros recursos- de la navegación de nuestra Balsa virtual, que comenzó hace ya varios años.
Hoy dejamos un texto que requiere un breve comentario previo: No soy partidario de las cadenas que llegan por e-mail ni de esos mensajes edulcorados o pretendidamente profundos o aleccionadores que llegan a veces por ese medio. Pero no pude resistirme a incluir éste en nuestra balsa. ¿Será que estoy cansado de cruzarme con carretas vacías?

La carreta vacía

Caminaba con mi padre cuando él se detuvo en una curva y después de un pequeño silencio me preguntó:
- Además del cantar de los pájaros, ¿escuchas alguna cosa más?
Agudicé mis oídos y algunos segundos después le respondí: - Estoy escuchando el ruido de una carreta.
- Eso es -dijo mi padre-. Es una carreta vacía.
Pregunté a mi padre: - ¿Cómo sabes que es una carreta vacía, si aun no la vemos?
Entonces mi padre respondió: - Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por causa del ruido. Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace.
Me convertí en adulto y hasta hoy cuando veo a una persona hablando demasiado, interrumpiendo la conversación de todos, siendo inoportuna o violenta, presumiendo de lo que tiene, sintiéndose prepotente y subestimando a la gente, tengo la impresión de oír la voz de mi padre diciendo:
"Cuanto más vacía la carreta, mayor es el ruido que hace".